Un encanto romántico

El perfil particular de la colegiata marca el paisaje del Mosa. En el siglo XIX, el valle atrae a artistas y veraneantes en busca de lo pintoresco. El campanario bulboso hace las delicias de numerosos pintores y dibujantes. Estos artistas viajeros, belgas y muchos británicos, retratan las orillas del Mosa y sus encantos campestres.
El romanticismo de las escenas se acentúa con grupos de lavanderas, un coche de caballos, un pastor cuidando su rebaño o algunas barcas navegando por un río todavía no canalizado. En este paisaje encantador, el campanario bulboso ocupa un lugar central. Su forma particular aporta a la escena una originalidad y un carácter pintoresco destinados a seducir al visitante urbano.
Pero la singularidad del campanario no convence a todos. Entre los escépticos, Victor Hugo, de paso por el valle en 1838, no duda en calificar la sorprendente construcción de inmensa jarra de agua.