El púlpito

Levanten la mirada: este púlpito fue concebido para dar al predicador un lugar central, en medio de la asamblea. Instalado en 1725, lo situaba en alto para que pudiera ser visto y, sobre todo, mejor oído. El tornavoz suspendido sobre él proyectaba su voz por toda la iglesia.

Observen ahora la decoración. En la tribuna, los cuatro evangelistas recuerdan que la predicación se apoya en su testimonio. Se reconocen por sus atributos: Lucas con un toro, Mateo con un ángel, Juan con un águila y Marcos con un león. En la pequeña puerta, san Materno, fundador legendario de la iglesia, sostiene la colegiata entre sus manos. Más arriba, la paloma del Espíritu Santo indica que la palabra pronunciada aquí quiere estar inspirada por Dios.

El púlpito se convierte así en todo un símbolo: una palabra que desciende de Dios y se transmite a los hombres.