Una extraña Trinidad

Observen ahora la parte superior del cuadro. Cristo resucitado presenta su cruz al Padre y al Espíritu Santo. El Padre aparece, como era frecuente en aquella época, bajo los rasgos de un anciano con la tiara pontificia. Pero, de manera más sorprendente, el Espíritu Santo también tiene apariencia humana y lleva igualmente la tiara.

Sin embargo, esta forma de representar al Espíritu ya había sido condenada por la Iglesia. Después del Concilio de Trento, en el siglo XVI, debía utilizarse únicamente la paloma, mencionada en los Evangelios durante el bautismo de Cristo.

Pintado al menos un siglo más tarde, el cuadro de Dinant muestra así hasta qué punto las antiguas imágenes podían sobrevivir durante mucho tiempo a las nuevas reglas.